21 enero 2010

Vicente Blasco-Ibáñez Tortosa

Me alegré hace unos días al “reencontrarme” en la web de Levante con Vicente Blasco-Ibáñez Tortosa. Cuántos años. Lo veo, casi lo adivino por lo diminuto de la fotografía, muy envejecido. Claro, que lo mismo puede decir él de mí, que me conoció con veintitantos años.

Han pasado, si mal no recuerdo, unos quince años desde que dejó la corporación de Torrent. Aterrizó en ella en 1991. Iba de número 3 en las listas de UV acompañando a José María Veguer y a Enrique Mora. Las urnas sólo concedieron dos escaños a esa formación y Enrique Mora, en lo que interpreté entonces como un acto de gran generosidad –y nadie hasta hoy me lo ha desmentido- renunció a tomar posesión de su escaño en beneficio de Blasco-Ibáñez Tortosa.

Fue un lujo compartir esos cuatro años (cada uno desde su sitio, él como político, yo como plumilla) con el nieto de Blasco Ibáñez. No entiendo por qué en la entrevista antes aludida de Levante se omite la referencia a esa etapa como concejal de Torrent. Quizá sea cuestión de espacio. O más posiblemente, que ese cargo haya quedado solapado por una vida pública tan prolija. En cualquier caso echo de menos siquiera una alusión a ese periodo.

Conforme leía sus declaraciones más reconocía al personaje. Vicente ha sido siempre tan rompedor en las palabras como persona de bien en sus actos. Recuerdo que hacía desternillarnos de risa a políticos y periodistas antes o después de los plenos con sus soflamas contra el clero en general y la Iglesia Católica en particular. Se las daba de comecuras y, por lo que ahora leo, continúa en las mismas. Con su aspecto alto y espigado, su sonrisa bonachona y su ironía punzante, Blasco-Ibáñez Tortosa arreaba a todo lo que olía a rancio y, muy especialmente, si desprendía aroma a sacristía.

Nunca entendí muy bien qué puñetas hacía en UV, aunque deduzco por sus recientes palabras que respondía a una cuestión de amistad y lealtad con el fallecido González Lizondo. Pero su republicanismo anticlerical poco casaba, a mi entender, con esa formación valencianista de burguesía conservadora y, generalmente, católica. Constituía, sí, una pieza exótica en ese partido.

Sus manifestaciones eran incendiarias, pero jamás maleducadas o groseras, y menos ad hominem. Acabado el debate podías verlo en animada charla tomando café en L’Horta con cualquiera de los concejales, compañeros o rivales. Eso era lo de menos. Por eso Vicente Blasco-Ibáñez Tortosa es de esos tipos que te reconcilian con la política. Me alegro de volver a saber de él.