28 octubre 2007

Brindis por un maestro de la radio que se nos fue

Me vais a disculpar, pero con vuestro permiso voy a dedicar el comentario de hoy a algo, o mejor, a alguien, ajeno a la vida de Torrent, aunque, a buen seguro, no a muchos de sus vecinos. En la tarde del pasado sábado 20 de octubre moría repentinamente el locutor de radio Juan Antonio Cebrián, fundador, director, conductor y alma mater del programa nocturno de Onda Cero "La Rosa de los Vientos". Un fallecimiento para nada previsible (fue consecuencia de un infarto fulminante ) que se producía a la tempranísima edad 41 años.

Cuando leí la noticia en la prensa digital, el estupor inicial fue dando paso a la consternación. Se iba uno de los responsables de mis noches de insomnio. No era que recurriera a la La Rosa de los Vientos porque no podía dormir, sino que prefería escuchar al Cebri y su equipo antes que conciliar el sueño. Sólo la radio tiene estas cosas. Y sólo los fieles a un espacio pueden -podéis- entenderme.

Tropecé con la Rosa allá por el 2000. Rápidamente constaté que se trataba de un estilo de radio nocturna diferente, alejado de las monsergas habituales ocupadas en gran parte por las confesiones de neuróticos y obsesivos. Juan Antonio Cebrián sumergía a su oyente en la historia, la parapsicología, el medio ambiente, las biografías, los enigmas, la ciencia y el humor, todo con una naturalidad, un oficio y una frescura admirables.

Pero incluso por encima de estos magníficos contenidos se elevaba la bonhomía de Juan Antonio. Que, por cierto, ha quedado también como un ejemplo de superación personal admirable, legándonos la brillante enseñanza de que una minusvalía -era ciego, a causa de un accidente- no tiene por qué ser obstáculo insalvable para el que pone fe, ganas e ilusión en algo.

La complicidad de sus oyentes ha quedado plenamente acreditada con el número de webs, blogs y páginas personales directamente entroncadas con el programa que han proliferado en la red a lo largo de los años . No en vano La Rosa de los Vientos conserva la etiqueta de "programa de culto". No es, en absoluto, exagerado.

Hace nueve días se iba uno de los grandes de la radio. Personalmente creo que los medios escritos no le han hecho la justicia que merecía: la noticia de su muerte y algunos obituarios más o menos extensos. Poco más. Muy escaso en cualquier caso para quien acumuló tantos méritos como comunicador.

Por suerte, nos quedan todavía, sus últimos programas y sus muchos libros y artículos. Esta maravilla que es internet supera espacio y tiempo y, en este caso concreto, trasciende a la muerte. Aquellos que lo deseen pueden volver a escucharlo, siquiera sea por unas semanas, mientras Onda Cero conserve en su fonoteca sus últimas intervenciones radiofónicas.

Sea pues, este post un homenaje al Cebri, con el que tantas horas nocturnas compartí.